jeudi 1 octobre 2015

Inche ta Segundo Llamin / Soy Segundo Llamin

Mari mari kom pu weṅüy,
Epuwey Küyeṅ ta ñi wültesisael! Müna fiñmawkülen, fillke Aṅtü may küzawküzawmeken. Fey mew may newe nütrampawelan. Fachi Aṅtü kiñe weṅüy peŋelelenew tüfachi video, müna tutelu video ta ti, müna tutey ñi mapuzüŋun ti chachay fey mew nütramlu. Lelimün:

Hola a todos los amigos,
¡Quedan dos meses para mi entrega de tesis! Estoy muy ansioso, todos los días trabajo sin parar. Es por eso que ya casi ni vengo a conversar. El día de hoy un amigo me mostró este video, es un video muy bonito, y el señor que habla ahí habla un muy lindo mapudungún. Miren:

samedi 19 septembre 2015

Kuyfi Nütram: Likan Rayen

Mari mari kom pu weṅüy,
Fütra kuyfi. Fillke aṅtü fentren mekeken ta ñi wirikünun ta ñi tesis, fey mew newe wiripawekelan. Kiñewey küyeṅ ta ñi fente wirikünuafiel, fey wüla zoy relean. Fachi aṅtü elkünupafin tüfachi tutelu video. Epu rume züŋun mew ta müley ñi nakümzüŋun; kastillazüŋun ka mapuzüŋun mew. Pewmaŋen ayüafiymün. Kümeyawaymün kom ta mi pu che emün! Lemoria, wiriwkalleael.

Hola a todos los amigos,
Tanto tiempo. Todos los días suelo estar muy atareado escribiendo mi tesis, es por eso que ya casi no vengo a escribir. Me queda un mes para terminar de escribirla, luego de eso estaré más desocupado. Hoy vine a poner estos dos hermosos videos. Tienen subtitulos en dos idiomas; en castellano y en mapudungún. Ojalá que les gusten. ¡Que les vaya bien a ustedes y toda su gente! Saludos, nos estamos escribiendo.

Mapuzüŋun nakümzüŋun

Subtítulos en castellano

vendredi 21 août 2015

Novela histórica de ambientación Mapuche: "Arauco" de John Caviglia


Mari mari kom pu chillkatupakelu,
Fachi aṅtü zewmanien tüfachi post. Rupan epu tripantu chillkatufin tüfachi nütram, "Arauco" piŋelu. John Caviglia piŋey ta wirife; Chili mapu mew ta tuwi, welu petu ñi pichikael Kiñewün Etaw mew mülepuy, fey mew tremi. Zew tremlu wirifeŋetuy, fey wirifiy tüfachi chillkantu. Inche chillkatufilu tüfachi nütram, mütewe ayüfin. Chumül aṅtü amulfin kiñe e-werken, feychi mew kimüñmalafwin ñi chumŋefel. E-werken mew küme weṅüykawiyu, katrümel amulchillkawkeiyu ta in nütramkawael ta in chumŋen ka ta in chumken. Kiñe rupa ayüwünkechi maŋelenew ñi wiriael kiñe post fey ñi blog mew, fewla inche ta maŋelfin fey ñi wiriael inche ñi blog mew. Tüfa fey ñi wiripael:

Hola a todos los que suelen venir a leer,
Hoy tengo preparado este post. Hace dos años leí esta novela, que se llama "Arauco". El escritor se llama John Caviglia; es de origen chileno, pero cuando aún era joven se fue a vivir a los Estados Unidos, ahí creció. Cuando ya era adulto se volvió escritor, entonces escribió este libro. Cuando yo leí esta historia me gustó muchísimo. Cierto día le mandé un e-mail, en ese entonces yo no sabía cómo era él. A través del e-mail nos hicimos buenos amigos, de vez en cuando nos mandamos mails para contarnos cómo estamos y lo que hacemos. Una vez me invitó amablemente a escribir un post en su blog, ahora soy yo quien lo invita a él a escribir en el mío. Esto es lo que escribió:

✷ ✷ ✷ ✷ ✷ ✷ ✷ 

Mari mari kom pu che,
Si uno imagina que un libro es como una red para pescar lectores, entonces Hugo es uno de los mejores “pescados” de mi novela (si lo hubiera conocido cuando la estaba escribiendo, el Mapudungun de Arauco hubiera sido muchísimo mejor). Hugo es un hombre que admiro, no solo como políglota, lingüista consumado, y estudiante de Mapudungun, sino también como defensor de esta bella lengua, y sobre todo del pueblo Mapuche. Es un honor que me haya invitado a escribir para su blog.

(nota de Hugo: me siento honrado por aquella introducción, quiero tomarla con humildad, ¡muchas gracias!)
  
Cómo llegué a escribir sobre los Mapuche 

Yo también soy admirador, estudiante y amigo de los Mapuche, pero así no empecé. Hijo de padre chileno y madre norteamericana, pasé gran parte de mis primeros ocho años en Santiago e Iquique, Chile, antes de venirme con mi familia a los EEUU. No sé si sabía poco, o nada, de los Mapuche en aquel entonces, porque nada de eso he recordado.


La foto de los dos inocentes arriba (sacada en 1950) es de mi hermano, Mario, y yo, vestidos para un festival en Iquique. Representamos —se ha de suponer— a un Español y un Mapuche. No hay que ser ni historiador, ni antropólogo, para darse cuenta de que nuestros disfraces no tienen nada que ver con el choque de estas dos culturas que —muchos años después— yo intenté hacer vivir en mi novela. Más bien parecemos cosa del Hollywood de esa época...  

Vine a los EEUU el año mismo en que se sacó la foto, y permanecí por muchos años no menos ignorante del conflicto entre invasor e indígena que creó, y sigue creando, el país llamado Chile. Gringo he sido desde hace muchos años, y gringo sigo siendo, pero siempre gringo chileno, ya que las primeras raíces son las más profundas. Por eso, en esta mi vida norteña siempre me ha molestado que acá mi país natal sigue siendo esencialmente ignorado —mucho menos conocido que México, por ejemplo, o Colombia (con su petróleo y sus drogas), o los países centroamericanos cuyos ciudadanos desesperados crean su “migra” a los EEUU. Igualmente, acá, donde muchísimos saben quiénes fueron Cortés y Pizarro —y algo de la “conquista” de México y Perú— muy pocos reconocen a Pedro de Valdivia, y un mínimo porcentaje de ellos saben que el ejército de este “conquistador” fue aniquilado por los Mapuche en la batalla de Tucapel. Tampoco saben que esta batalla principió una guerra de trescientos años, y que hasta el siglo diecinueve el Bío Bío era el término de Chile. Todo esto siempre me ha parecido increíble y lamentable, sobre todo si se contrasta la derrota de Valdivia con las fulminantes victorias de Cortés y Pizarro. Así es que, cuando vino el tiempo de novelar, decidí narrar la invasión española del Mapu de los Mapuche. En Inglés hay unos cuantos libros históricos que tratan de (o incluyen a) Valdivia e Inés de Suárez, pero ni una novela histórica: yo me propuse escribir la primera. Leí todo lo que había, y mientras más leía, más me fascinó el lado Mapuche del conflicto, así que no pude menos que narrar la historia desde los dos puntos de vista —el Español y el Mapuche— tratando de fielmente recrear el mundo y la perspectiva de ambos pueblos.  

Recrear la invasión española necesitó mucha investigación, y mucho tiempo, pero al fin y al cabo no fue tan difícil. Por ejemplo, la novela empieza en Sevilla, desde donde salían todas las flotas españolas para las Indias, y hay mucho escrito sobre la Sevilla de aquel entonces. También hay muchas imágenes, como la de abajo.

Igualmente, hay muchísimo documentado que nos ayuda a comprender a los españoles del siglo dieciséis: la religión católica (base ideológica de esa sociedad), las costumbres y la vida diaria, la comida, la higiene (o su falta, desde nuestro punto de vista), la ropa, la vida en los barcos que llevaron a los “conquistadores” al nuevo mundo, etcétera, etcétera... E imágenes de todo esto también abundan. 


Mas, existen recreaciones de los invasores. En Bradenton, Florida, donde Hernán de Soto empezó su catastrófica odisea, hay un parque nacional que reconstruye las viviendas erigidas por los españoles, ejemplos de la ropa que llevaban, los ustensilios que usaban, y entre muchas otras cosas, sus armas (lanzas, espadas, ballestas, un arcabuz que disparan para los turistas) y, por supuesto, el metal que los españoles llevaban puesto (en la foto de abajo, yo soy el “conquistador” a la derecha).


Y, también, hay bastante escrito sobre los principales personajes: Valdivia mismo, Inés de Suárez, y entre muchos otros, el secretario de Valdivia —Juan de Cardeña, importante en mi novela.  

A pesar de toda esta información hay una gran cantidad de vacíos en lo documentado. Tantos, y de tantos tipos, que yo me voy a limitar a un ejemplo: la utilización de perros de guerra por los conquistadores. Hay un libro entero (a la vez grotesco, horrorífico y fascinante) que se dedica a esto —Dogs of the Conquest, por John Grier Varner— y abajo les ofrezco una ilustración representativa de cómo eran.


El uso de tales perros por Cristóbal Colón, por Balboa, y por muchos otros, ha sido atestigado e ilustrado —en el Caribe, en México, en Centroamérica— en la guerra, para “cazar” hombres, y en la tortura. Pero nunca (que yo sepa) contra los Mapuche. Sin embargo, en mi novela yo presupongo que fueron llevados a Chile, simplemente porque el uso de perros de guerra era tan ubicuo en el “Nuevo Mundo.”

Recrear los Mapuche del siglo diesiseís fue mucho mas difícil. Primero, porque no tenían escritura, así es que el gran encuentro entre estas dos culturas fue documentado por sus antagonistas —los Españoles— quienes los vieron a través de lentes teñidos de presupuestos y prejuicios. Sin embargo, mucho de lo que era ser Mapuche “antes de la peluca y la casaca” perdura fuera de los libros. Mapu, el campo de batalla —la tierra misma que da su nombre al pueblo— no ha dejado de existir. La selva virgen todavía puede ser apreciada en lugares como Nahuelbuta, con sus enormes peweṅ, sus koywe, sus rüŋi.


Sin mencionar las mawiza, los ŀafken y zegin.


También, mucha cultura Mapuche sobrevive, poco cambiada por los siglos —la ruka tradicional, por ejemplo, que todavía se construye (como abajo, en esta foto que saqué cerca del lago Budi).


Y las ricas tradiciones de los Mapuche perduran —el ŋillatun y el machitun siendo ejemplos de esto.  Para estas tradiciones en gran parte me serví de fuentes antropológicas. De las muchas, dos que sobresalen son Araucanian Child Life and Its Cultural Background, de M. Inez Hilger, y Shamans of the Foye Tree, de Ana Mariella Bacigalupo. También tuve la suerte de presenciar una celebración de We Tripantu —con  la ruka, la machi y su kultruŋ, las trutruka, el foyge (árbol sagrado), y el baile, captada en la foto de abajo. 


Y aquí la machi de más cerca.


La esencia de la cultura Mapuche todavía vive, pero claro que se han introducido elementos modernos —por ejemplo, fuera de lo obvio: relojes, anteojos, zapatos, traje moderno, tejidos modernos con tintas modernas (no derivadas de plantas y tierras), y etcétera— nos damos cuenta de que las trutruka terminan con cuernos de vaca (animal introducido por los españoles). Y hasta la machi, aunque su oficio y ritual es tradicional, está vestida a lo “moderno” si se compara con la foto de las tres machi abajo, sacada muchos años antes.


Volver a la cultura Mapuche del siglo dieciséis en muchos casos es (en gran parte) una sustracción de capas de modernidad superpuestas sobre antiguas tradiciónes. Por ejemplo, los palin che de abajo, jugando al lado de la Laguna Icalma, están hablando Mapudungun, pero llevan ropa moderna.


Otro ejemplo sería la comida Mapuche. Cocina Mapuche, por Amanda Ibacache, incluye muchos ingredientes introducidos por los españoles —el trigo, los limones, las manzanas, el arroz, las lentejas, y la carne de vaca, caballo y oveja, entre otros— pero hay recetas que sin duda se aproximan de muy cerca a lo que probablemente comían los Mapuche de hace tres siglos, basadas en poñü, wa, zigeñ, achawall, kuram y otros ingredientes afines.

Pero, al fin y al cabo, no hay elemento cultural de los Mapuche que se aproxime a la importancia de su propia lengua, el Mapudungun. Hace muchos años, cuando empecé a escribir Arauco, no sabía ni palabra. Adquirí todos los libros que pude, los leí, y el Mapudungun de mi novela terminó siendo basado en dos libros: Idioma Mapuche, por P. Ernesto de Moesbach, y Diccionario Araucano, de Fray Félix José de Augusta. Pero tengo que confesar que, habiendo tantas ortografías del Mapudungun, yo decidí crear mi propia versión simplificada, principiando por eliminar la ortografía española lo más posible, y haciéndola más accesible para lectores de habla inglesa (que tenemos que presumir no saben nada de los Mapuche, y menos de su lengua).


Arauco es la primera novela en inglés que narra la increíble historia de la invasión del Mapu de los Mapuche por los Españoles, y la primera en cualquier lengua que da igual peso al lado Mapuche del conflicto —a su cultura, y a sus personajes históricos, como Leftraru y Müchümaloŋko, como también a los Mapuche necesariamente inventados, porque los historiadores eran españoles, y nombran pocos. La novela termina con la increíble victoria de los Mapuche en la batalla de Tucapel.  Pero es claro que esa derrota no fue un fin, sino el principio de una lucha que todavía continúa.  

Gracias, Hugo, por darme la oportunidad de participar en tu blog —esta celebración del pueblo Mapuche y del Mapudungun.   

¡Marichi wew!

El autor:

mardi 28 juillet 2015

Tantas formas de brindar en mapudungun, waypa! (¡salud!)

Mari mari kom pu weṅüy,
Hace unos pocos días me picaba una duda. En realidad, me lo venía preguntando desde hacía mucho tiempo, pero siempre se me olvidaba averiguar, hasta que decidí preguntar en el grupo de Facebook que suelo frecuentar y donde aprendo mucho, Aprender Mapudungun. Se trata de una pregunta muy simple: ¿qué expresiones usan los mapuches cuando brindan?, en resumen, alguna expresión equivalente a nuestro "¡salud!".

Fueron numerosas las respuestas que recibí, así es que quiero comenzar por agradecer a cada una de las personas que me aportaron las diversas expresiones: Alé Lafkenche Kolüwinka Kayunawel, César André Pérez, Sara Carrasco Chicahual, nuestro ya conocido Fiestóforo, Alicia Almonacid, Marta Mariqueo, Victor Carilaf, Bernarda Curifil, Yer Blues, Rosendo Delfín Huisca Melinao, Kalfu Tralkan Kimchehuala, Mónica Chaña Paillavil, Silvia Paillán, Kaniw Mija, Fernand Wundth, Angel Huenuan Epul, Manuel Ladino Curiqueo, Diego España, Jorge Cayupil, Gregoriana Cayuqueo, Marcelo Huequeman Escandon, Benito Cumilaf.

A continuación les entrego una lista de las palabras que recopilé a la hora de brindar. También me di un tiempito para analizar las palabras gramaticalmente, y no dejo de sorprenderme con la elegancia de este idioma. Acompaño cada palabra con su correspondiente análisis gramatical.

(ilustración por Fiestoforo)

  • Llagpaiyu / llagpaeiyu. Esta expresión suele usarse en contextos más formales, por ejemplo en funerales. La palabra llag significa "mitad", por lo tanto esta expresión tiene que ver con "compartir" algo. En su forma verbalizada llagpaiyu (llag-pa-iyu), la partícula -pa- indica dirección "hacia acá" e -iyu es la marca de primera persona dual, por lo que la expresión llagpaiyu puede traducirse algo así como "nosotros dos vinimos a compartir acá". La variante ligeramente distinta llagpaeiyu lleva la marca transitiva -e-, por lo que el significado de la expresión cambia ligeramente a algo como "vengo a compartir contigo acá".
  • Kolka. Esta palabra significa "trago", pero no un trago de cualquier cosa, sino exclusivamente de líquidos, y de hecho tiene su respectivo verbo kolkan "tragar un líquido". Siendo un poco más minucioso y desmenuzando la palabra, veo tres elementos que la conforman; la raíz ko "agua", el sufijo -l, conocido como causativo, y el sufijo -ka, que puede tener varias funciones. Kolka (ko-l-ka) es, literalmente, un trago.
  • Kiñentüku. Viene de kiñe "uno", acompañado del sufijo -(n)tüku que indica "poner algo". La expresión kiñentüku (kiñe-ntüku) se puede interpretar algo así como "puesto de una" y se usa sobretodo cuando se bebe algo al seco.
  • Wantriftüku. La raíz verbal wantrif- significa "caer perdiendo el equilibrio". El significado del sufijo -(n)tüku ya lo indicamos más arriba. Wantriftüku (wantrif-tüku) es una palabra que me da la idea de versar el precioso líquido (en la boca, ¡por supuesto!). Esta expresión también se usa, al igual que kiñentüku, cuando se toma el trago al seco.
  • Püsam / püzam / püram. La raíz verbal püsam-, tiene dos significados, el de exterminar algo –me imagino que en este caso se trata del trago, jeje– y el de beber alcohol. Como es natural que en el mapudungún los fonemas /s/ y /z/ fluctúen, me atrevo a suponer que püsam y püzam corresponden a la misma palabra, aunque puede que haya alguna pequeña diferencia que desconozco. Otro hablante me indicó que la palabra es püram, proveniente de la raíz verbal püram- "levantar", por el hecho de que se levanta el codo al beber. Ambas explicaciones me parecen igual de lógicas e interesantes. A lo mejor correspondan la misma expresión, o tal vez sean expresiones distintas, eso por el momento quedará como un misterio.
  • Pütunge. No hay mucha explicación para esta expresión, que es muy directa. Proviene del verbo pütu- "beber" y de la marca imperativa -nge. La expresión pütunge (pütu-nge) es para esas ocasiones sin rodeos, significa literalmente "¡bebe!". Para dar la orden a dos personas, el imperativo cambia a pütümu, y si son más, a pütumün.
  • Fürkütuaymi. Esta expresión es especial para esos días calurosos, ya que proviene de la raíz fürkü "fresco", seguida del sufijo verbalizador -tu, la marca futura -a-, y la marca de segunda persona singular -ymi. Para dejarnos de una vez por todas con los tecnicismos, la expresión fürkütuaymi (fürkü-tu-a-ymi) significa "¡refréscate!". Si se trata de desearle un refrescante brindis a dos personas, la expresión cambiará a fürkütuaymu, y si son más, a fürkütuaymün. También suele oírse bajo sus variantes con sfüskütuaymi y demases (a veces la r cambia a s en mapudungun para darle un sentido cariñoso a las palabras).
  • Waypa. No logré encontrar ninguna explicación gramatical a esta expresión. A lo más, la posible presencia del sufijo -pa, que indica una acción que se aproxima al hablante –y mejor que el copete se acerque, porque si se aleja estamos en problemas, ¿no?. Así es que eso, no tengo ninguna explicación gramatical, ¿por qué todo tiene que tener una?, ¡waypa!
Dicho esto, y bien brindado, no dejo de sorprenderme de la riqueza y de la belleza de esta lengua, el mapudungún, tan exquisita como un muzay. Sea responsable, pase las llaves antes de tomar y ¡salu... perdón, kiñentüku!

jeudi 16 juillet 2015

Kuyfi Nütram: Ti Ŋeṅ Ko

Mari mari kom pu weṅüy,
Fütra kuyfi! Fentren küzawmeken ta ñi tesis mew, fey mew ta epe wiriwekelan tüfa mew. Chumül antü pefin tüfachi kümeke video Youtube mew, mapuzüŋun ka kastillazüŋun mew. "Ti Ŋeṅ Ko" piŋey tüfachi kuyfi nütram. Lelimün:

Hola todos los amigos,
¡Tanto tiempo! He estado muy ocupado con mi tesis, es por eso que ya casi no escribo aquí. Cierto día vi estos lindos videos en Youtube, en mapudungún y en castellano. Este relato antiguo se llama "El Dueño del Agua". Miren:

Mapuche nakümzüŋun:

Subtítulos en castellano:

samedi 27 juin 2015

Eymün weke che / Ustedes los jóvenes

Mari mari kom pu weṅüy!
Müna tutelu ülkantun ta nentuy tüfachi pu pichike che, feley kam felelay? Ernesto Calderon ñi küzaw ta tüfa. Wenuntupüllünŋey ñi ayekan eŋün, afmatulen. Fey mew ta elkünupafin ta ñi blog mew. Küme allkütuyefimün:

¡Hola a todos los amigos!
Estos chicos han sacado un canto muy hermoso, ¿no es así?. Se trata del trabajo de Ernesto Calderón. Su música eleva el alma, estoy en estado de admiración. Es por eso que lo vine a poner en mi blog. Escúchenlos bien:



Feypiy:
Eymün, weke che, fey tachi ngülam feypiawiyin:
Llükakilmün! Eymün mi ina mew mülen.

Dice:
Ustedes, jóvenes, este consejo les daré:
¡No teman! Estoy a su lado.

mercredi 10 juin 2015

El Rentable Negocio de la Charlatanería Indigenista


Es muy fácil, funciona así: tomo –o derechamente invento– una palabra de un idioma poco conocido, le doy un significado que parezca profundo –o deformo su significado original a mi conveniencia–, lo escribo en un libro, y vendo, vendo, vendo. Si además a partir de dicha palabra logro desplegar una serie de conclusiones filosóficas sobre el pueblo en cuestión, mejor aún, tenemos el kit completo. Grito y plata.

La charlatanería es una práctica más vieja que el hilo negro. Antiguamente, los charlatanes solían servirse de palabras de idiomas orientales, sobretodo porque enganchaban bien con el misterio y exotismo que rodean a todo lo que es oriental, y las palabras eran difíciles de verificar. Pero hoy en día, con la globalización y los abundantes recursos que tenemos para desmentir las falsedades, se les acabó el chipe libre. Hasta que encontraron su nueva fuente de chamullos: las lenguas indígenas. El 99% de los chilenos no habla una lengua indígena, y los recursos para aprender, tales como gramáticas y diccionarios, son escasos, lo que vuelve difícil la tarea de verificar lo que nos dicen. Gracias a eso han aflorado numerosos charlatanes que se dedican a desplegar toda su creatividad, inventando palabras supuestamente mapuches, quechuas, aimaras, entre otras, dándoles estrambóticas interpretaciones, acompañadas de las más disparatadas conclusiones filosóficas que develan supuestas sabidurías ancestrales que jamás existieron. No digo que las sabidurías ancestrales no existan, pues las hay en gran número; sólo digo que éstas, específicamente, no. Que quede bien claro: los pueblos indígenas son una fuente riquísima de sabidurías antiguas. Pero no necesitamos que charlatanes las vengan a rechamullar reinventar.

Otra estrategia consiste en inventar relaciones improbables y supuestas verdades universales. Se parte de la base de que un pensamiento tan profundo no pudo habérsele ocurrido a un pueblo indígena, por lo tanto tiene que haber llegado de otro lado. El que encuentra la conexión con la civilización más rara o más antigua, gana más puntos del filosómetro. Un ejemplo histórico es el del (supuesto) "lonco" Kilapán (nacido bajo el nombre de César Navarrete) y su chamullo teoría sobre el origen griego de los mapuches. Su idea parte del prejuicio de que los mapuches no pudieron haber logrado un nivel filosófico tan alto por sí solos, atribuyendo todo el logro a los griegos y despojando a los mapuches de toda capacidad intelectual. Una idea tremendamente racista, en el fondo.

Como los charlatanes tienen una gran capacidad para maravillar al público ingenuo, sus libros se venden como pan caliente, expandiendo la desinformación como una peste impulsada por la ignorancia masiva de un rebaño de lectores poco críticos. El ejemplar vivo más conocido es Ziley Mora, quien ha publicado sus más raras teorías incluso en diarios como Publimetro. Inventó, por ejemplo, que los mapuches antiguos no se enfermaban, porque supuestamente en la lengua mapuche no existe la palabra enfermedad (?). Tendremos que preguntarle entonces qué significa kutran y el rol de la machi, así como la importancia del ŀawen, y lo que hacen los zatuchefe y los ampife. Aunque sobre este último también ya se mandó un tollo inventó una teoría. Ha llegado incluso a inventar que en la lengua mapuche no existe la negación, siendo que el mapudungún es una lengua tan rica en formas negativas, que existen al menos cinco maneras de negar una frase, un sistema mucho más complejo que el del castellano. Por si fuera poco, se dedicó a inventar las más disparatadas traducciones para palabras que ni siquiera existen.

El asunto se vuelve un círculo vicioso cuando otros escritores toman estas afirmaciones como verdaderas y las reproducen en sus libros sin ningún tipo de verificación, por ejemplo, cuando Gastón Soublette da una interpretación bastante extraña de la etimología de la palabra wentru (hombre) en mapuche. Y quien está detrás de ese tollo esa supuesta etimología es –como era de esperar– Ziley Mora. Luego de eso se validan mutuamente, y la desinformación queda fijada como si fuera un hecho comprobado. Y luego se publican y republican por periodistas copiones y poco cautos, que no son capaces de sentarse cinco minutos a verificar la veracidad de lo que publican (y para eso estudian cinco años). En la era de la (des)información, parece ser más importante publicar cualquier tontera lo más rápido posible para juntar la mayor cantidad de clicks, falso trofeo del éxito periodístico.

Explicaré el fenómeno de la validación mutua con un ejemplo real. No le pasó al amigo de un amigo, sino a mí mismo hace unos días. Me topé en el twitter de Alejandro Jodorowsky con una supuesta palabra mapuche, aywon, que significaría "nacimiento de luz" o "luz que mira".



Al indicarle que dicha palabra no existía, o al menos, no con ese significado, su respuesta fue increíble: "¿entonces amar no hace nacer la luz, no hace que dejes de mirarte para ver a quien adoras?". Claro, por qué no, pero esa pregunta no responde en lo más mínimo a mi cuestión sobre la existencia de la supuesta palabra aywon. Sin embargo, como su respuesta sonaba bonita y profunda, en apenas pocos minutos alcanzó las decenas de retuits. La gente ni siquiera se detuvo a leer la discusión, mucho menos a analizarla. La peste de la desinformación expandida nuevamente por la masa de lectores sin criterio analítico. Sufrimos una especie de analfabetismo comprensivo: sabemos leer, pero no entendemos ni analizamos lo que leemos. No nos cuestionamos nada. Si está escrito en internet, debe ser verdad, sobre todo si la frase suena shúper enigmática. Insistí, hasta que otra persona puso la supuesta "fuente" de la información, que venía de –sorpresa– Ziley Mora. Eso bastó para una seguidilla de valídame-que-te-valido, el famoso sistema de validaciones en círculo que jamás llegan a una fuente confiable, pero que funciona perfectamente para llenar los egos de sus inventores y dejar contentos a los lectores conformistas. Así se autovalidan en su círculo de iluminados psicomágicos: lo que yo digo es verdad porque tú dijiste que yo lo dije.

Para no dejarlos con la duda, les explicaré la falacia lingüística. Amor en mapuche se dice ayün. Hay muchas palabras para decir luz, según el tipo de ésta, pero ninguna se parece a ayün ni a aywon. Hay, sí, una palabra parecida, pero no relacionada: wüṅ, que significa amanecer.  Y ojo que la final de wüṅ (con puntito) ni siquiera se pronuncia igual que la n final de ayün. Pero a ellos no les importa, total se parecen. Ahora, hay una palabra derivada de ayün que podría parecérse a aywon o a wüṅayüwün, que significa amarse mutuamente. Pero esta palabra no es nada más que el verbo ayün, cuya raíz es ayü-, con la terminación -wün que es para formar verbos reflexivos, dando ayüwün. Esa terminación -wün no tiene nada que ver con la raíz wüṅ, que además, como ya dijimos, se pronuncia distinto y tiene otro origen. Nuestro listo filósofo quiso hacer una especie de quimera entre ayüwün y wüṅ, y salió con aywon. Pero si así fuese, deberíamos aceptar que en ese caso la palabra wüṅ estaría igualmente relacionada con todos los verbos reflexivos, puesto que comparten la misma terminación: pewün (verse), leliwün (mirarse), kintuwün (buscarse), nütramkawün (conversarse), takuluwün (cubrirse), trawün (reunirse), y una lista inmesurable, además de una serie de otros verbos que, sin ser verbos reflexivos, terminan igual, como küzawün (trabajar), y wewün (vencer). Así podemos comprobar que el análisis de Ziley Mora da una conclusión carente de toda rigurosidad lingüística, pues decir que ayüwün deriva de wüṅ es tan desatinado como decir que en castellano burrada deriva de hada. También recibí como argumento que, por ser el mapudungún una lengua de difícil escritura (asunto que ni siquiera es cierto), por aywon quería representar de forma aproximada la pronunciación de ayün. Ni cerca. Aywon se parece a ayün tanto como amar se parece a mear. Hay, además, otro motivo por el cual la palabra aywon no puede existir: es que en el mapudungún no existe ninguna palabra que lleve la secuencia de sonidos /wo/. ¿Por qué no? Simplemente porque las reglas fonéticas del mapudungún son así, tal como las reglas fonéticas del castellano hacen que no existan palabras que terminen en /t/ ni en /tch/ (excepto en palabras extranjeras como carnet y match), ni tampoco palabras que empiecen con s+consonante. Pero ya, seamos generosos, aceptemos que en algún universo paralelo ayün y wüṅ estuvieran semánticamente relacionadas (comparten un solo sonido, la ü, la vocal más abundante del mapudungún). ¿De dónde sale el cuento del "nacimiento" y de la "luz que mira"? Chamullo. Pero siempre les queda su última jugada: que la palabra se la dijo una anciana machi (persona que de por sí porta una carga misteriosa) en el último rincón perdido sobre la última montaña del lugar más perdido de la cordillera de los Andes. Y además era la última persona que recordaba la palabra. Y se murió. Típico, ¿a quién no le ha pasado?. Ahí radica su arma secreta: que ellos siempre obtienen la información –mágicamente– de fuentes inaccesibles al resto de los mortales, ergo imposibles de verificar. Por algo son iluminados. Entonces a uno no le queda otra que decir "gracias, supremo ser iluminado, por haber salvado esa iluminada palabra, compraré su iluminado libro". El charlatán siempre se las arregla para vender su idea. Como bien se suele decir, en el país de los ciegos el tuerto es rey, y nuestros tuertos filósofos han encontrado la piedra filosofal para llenar sus egos.

Tal vez por ayon quiso decir alofalong o ayong, un tipo de luz. Y por transparente en realidad se refería a la palabra aylin, que sí existe y significa eso mismo. Pero mezclar ayün (amor) con ayong (luz), aylin (transparente) y wüṅ (amanecer) –cuatro palabras que no tienen nada que ver entre sí– es vender un jurel tipo salmón tipo atún tipo sardina.

Yo, por mi parte, me pregunto: ¿hasta qué punto es válido falsear el idioma de un pueblo con tal de satisfacer sus propias fantasías y vender muchos libros?, ¿qué tan honesto es abusar de la ignorancia de los lectores incautos?, ¿cuánto se puede prostituir la verdadera sabiduría de los pueblos originarios?, ¿no llevan ya siglos aguantando atropellos territoriales, materiales, religiosos, y ahora además culturales?, ¿no son –precisamente– los filósofos los encargados de pensar soluciones para conflictos como estos?, ¿no debieran ser ellos los defensores de la ética?. Pero no. Viva la pseudofilosofía, la pseudolingüística, el ego. La manipulación de los datos con tal de vender. Vivan los iluminados con complejo de gurú y su falta de ética, la filosofía del cuenteo que vende mucho pero aporta poco. Por favor, que alguien nos saque de este pajerismo intelectual crónico.

Total, cuando se trata de lenguas indígenas, cualquiera puede decir lo que se le da la gana.